El sitio arqueológico Monte Verde, ubicado en el sur de Chile, representa un hallazgo fundamental en la comprensión de los primeros asentamientos humanos en América. Con una antigüedad aproximada de 14.800 años, Monte Verde desafía las teorías tradicionales sobre la llegada del ser humano al continente, situándola mucho antes de lo que se creía.
Este sitio fue descubierto en la década de 1970 y ha sido objeto de investigaciones arqueológicas lideradas por científicos como Tom Dillehay. Su conservación excepcional se debe a una capa de turba que selló y protegió restos materiales, permitiendo el estudio detallado de la vida de sus habitantes.
Monte Verde muestra evidencias de una ocupación permanente, con viviendas rectangulares construidas con madera, pieles y estacas, además de una estructura de uso ritual y comunal. Los hallazgos incluyen herramientas líticas y de madera, restos de alimentos como papas silvestres, algas, frutas, hongos y mastodontes, reflejando una dieta rica y variada obtenida de diversos ecosistemas.
La importancia histórica de Monte Verde radica en demostrar que los primeros habitantes de América eran altamente adaptables, aprovechando recursos de bosques templados y costas. Además, desafía la visión de los cazadores-recolectores exclusivamente nómadas al evidenciar una ocupación estable, marcando un punto crucial en el entendimiento de la prehistoria del continente.